La Organización Internacional para las Migraciones de la ONU alertó que hasta 6,76 millones de personas resultaron afectadas por los dos terremotos del 24 de junio en Venezuela. El gobierno reporta 1.430 muertos y 3.238 heridos, cifra que contrasta con los más de 50.000 desaparecidos que maneja Naciones Unidas. Las pérdidas materiales se estiman en 6.700 millones de dólares.
La Guaira concentra la mayor devastación. A tres días de los sismos, vecinos remueven escombros sin equipos especializados. Marlon Ochoa busca a su madre, esposa e hijo desaparecidos y cuestiona la respuesta estatal: “Necesitamos maquinaria, plantas eléctricas, taladros. Si hoy no llega nadie vamos a hacer una revolución”.
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El sábado comenzó a llegar ayuda internacional. El aeropuerto de Caracas reabrió para recibir cargamentos de Estados Unidos, que ofreció 150 millones de dólares y desplegó dos buques de guerra y aeronaves. El USS Fort Lauderdale se ubica frente a las costas para apoyar vuelos de rescate, mientras equipos de 17 países trabajan en las zonas colapsadas.
La crisis desbordó los servicios funerarios y hospitalarios en Caracas. Familiares trasladan por sus propios medios los cuerpos a las morgues. El gobierno militarizó La Guaira con 14.000 policías y militares y limitó el ingreso al estado. La presidenta interina Rodríguez fue recibida con abucheos en Caracas por residentes que acusan inacción oficial.
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En albergues improvisados, voluntarios distribuyen ropa y alimentos a centenares de damnificados. El rescate con vida de un bebé en La Guaira el viernes marcó uno de los pocos avances. La tragedia revive el trauma de 1999, cuando deslaves dejaron más de 10.000 muertos en la misma región costera.

