La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advirtió que Bolivia es una de las economías de menor crecimiento en Sudamérica en 2025. Según el informe “América Latina y el Caribe: evolución del crecimiento y desafíos estructurales”, Bolivia registraría una expansión del PIB de apenas 1,5% el próximo año y 1,1% en 2026.
En un contexto regional más dinámico, estas cifras colocan a Bolivia por debajo del promedio sudamericano, que se estima en 2,7% para 2025. Solo Venezuela (2,0%) y Ecuador (1,5%) comparten el grupo de países con menor desempeño, mientras que otras naciones como Argentina (5,0%) o Paraguay (4,0%) muestran signos claros de recuperación y dinamismo.
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El economista y diplomático Windsor Hernani calificó la situación como preocupante y planteó una pregunta crítica: “Si esto no es inflación, ¿qué es?”, en referencia al estancamiento combinado con inflación que atraviesa el país. Bolivia, según el análisis, no estaría generando el crecimiento necesario para mejorar el empleo, reducir la pobreza o atraer nuevas inversiones.
El informe no detalla causas país por país, pero en reportes anteriores la CEPAL identificó debilidades estructurales que frenan el desarrollo boliviano: alta informalidad laboral, baja inversión pública y privada, dependencia de materias primas y un clima político conflictivo que genera incertidumbre jurídica.
Frente a este panorama, el organismo internacional recomienda a los países de la región (incluido Bolivia) avanzar en reformas estructurales urgentes. Entre ellas: fortalecer la recaudación tributaria, mejorar la calidad del gasto público, diversificar la economía, y fomentar políticas laborales inclusivas para reducir la informalidad.
En comparación con otras economías de la región, Bolivia se queda rezagada. Perú crecería 3,1%, Colombia 2,5%, Brasil 2,3%, y Chile 2,4%, todos por encima del desempeño boliviano. Incluso economías con menor tamaño o en crisis actual, como Argentina, apuntan a una recuperación más sólida.
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Con una proyección que refleja estancamiento, el país enfrenta el reto de recuperar la confianza y generar condiciones más favorables para el crecimiento. De no hacerlo, corre el riesgo de consolidar un patrón de bajo desarrollo que afecte su estabilidad económica y social en los próximos años.

