Nueva York, 08 jul (BBC news).- No es una idea compartida por todos; de hecho, distintas encuestas señalan que los aranceles que el presidente Donald Trump impuso a productos chinos carecen de apoyo mayoritario en su propio país.
Pero las tarifas de Trump despiertan más simpatías en su Partido Republicano y son defendidas por autores como Greg Autry, que en 2011 publicó junto con el hoy asesor comercial de la Casa Blanca, Peter Navarro, el libro «Muerte por China».
¿Por qué apoya la estrategia agresiva del presidente Trump hacia China?
Los resultados han sido sumamente positivos. Los aranceles y, en general, la discusión agresiva y honesta de Trump sobre la manera en que China trata a EE.UU. y a sus socios comerciales globales están presionando a muchos productores chinos.
La economía china sufre ese ataque y casi no vemos resultados negativos para EE.UU.: la inflación sigue baja, por lo que todo lo que se habla del aumento de precios al consumidor simplemente no es cierto, el gobierno tiene ingresos significativos de los aranceles de 25%, muchas empresas estadounidenses y otras compañías occidentales están retirando su producción de China… Así que hubo una presión realmente efectiva.
¿Qué tiene de malo China?
Es difícil decirlo en este corto tiempo, pero empezaría con el millón de uigures (musulmanes) encerrados en campos de concentración para eliminar su religión a la fuerza, el hecho de que China tiene una disputa fronteriza con cada uno de de sus vecinos, que se está armando para esencialmente luchar la Tercera Guerra Mundial por esas agresivas expansiones fronterizas y para repeler a la Séptima Flota de EE.UU. del Océano Pacífico… Esas son las mayores razones.
¿Cree que Trump es el primer presidente de EE.UU. que enfrenta a China de la forma debida?
Es el primer presidente que lo hace desde el gobierno de Nixon, cuando abrió las relaciones de EE.UU. con China con la esperanza de que ese país se liberalizaría y por una razón estratégica contra la Unión Soviética, que fue una buena elección.
Trump es el primer presidente que se planta y llama a las cosas por su nombre, de la misma manera que el presidente Reagan tuvo el coraje de llamar a la Unión Soviética «imperio malvado», lo que cambió todo: después de eso, la gente no estaba dispuesta a hablar sobre lo que realmente era la Unión Soviética.
