Una vida tras las rejas. Esa es la pena de cárcel a la que fue condenado este lunes Ismael «El Mayo» Zambada, el capo del narcotráfico que durante décadas lideró el poderoso cartel de Sinaloa junto a su socio Joaquín «El Chapo» Guzmán.
La condena fue dictada por el juez federal de distrito Brian Cogan en un tribunal federal de Brooklyn, en Nueva York.
Zambada, de 76 años, fue detenido por las autoridades federales de Estados Unidos (EEUU) en julio de 2024, y en agosto de 2025 se declaró culpable de los cargos de tráfico de drogas que enfrentaba en un tribunal de Nueva York, luego de un acuerdo con la Fiscalía que allanó el camino para esta sentencia.
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En esa ocasión también admitió haber sobornado a policías, mandos militares y políticos mexicanos durante tres décadas para facilitar sus actividades criminales.
Una detención «bajo engaño»
Zambada fue detenido por las autoridades federales de EEUU cerca de El Paso, Texas, el 25 de julio de 2024.
El veterano narcotraficante alega que fue llevado contra su voluntad a territorio estadounidense a través de un engaño de uno de los hijos de «El Chapo».
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Hasta antes de eso, nunca había sido detenido, a diferencia de su socio Joaquín Guzmán, quien fue capturado dos veces en México y que actualmente cumple una condena de cadena perpetua en una prisión de máxima seguridad estadounidense.
Según las autoridades de EEUU, el día que fue capturado Zambada se presentó junto a Joaquín Guzmán López, hijo de su antiguo socio El Chapo Guzmán, ante las autoridades federales estadounidenses.
Después se supo que Guzmán López había engañado al «Mayo» Zambada para que se subiera a un avión en México y cruzaran la frontera juntos para «visitar unos proyectos inmobiliarios».
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Una vez en EEUU, el hijo del «Chapo» lo entregó a las autoridades. En ese momento se ofrecían US$15 millones de recompensa por Zambada.
Confesión criminal
En la audiencia en la que se declaró culpable, Zambada leyó una declaración en la que aseguró que su vida en el tráfico de drogas se inició en 1969, cuando tenía 19 años.
Admitió que bajo su liderazgo en el cartel de Sinaloa fueron traficados más de 1,5 millones de kilogramos de cocaína, lo que le generó cientos de millones de dólares al año.
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«Reconozco el gran daño que las drogas ilegales han causado a los pueblos de Estados Unidos, México y otros lugares», dijo.
Luego mencionó que su cartel sobornó a policías, mandos militares y políticos para proteger a su organización en sus actividades delictivas, indicó Reuters.
También reconoció haber ordenado a sicarios que asesinaran a sus rivales.
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Antes de entrar en el mundo del narcotráfico en los años 70, Zambada fue durante un corto tiempo repartidor de muebles en las calles de Culiacán, luego empezó como traficante en el cartel de Guadalajara, pionero en la industria comerciando opio, marihuana y, al final, cocaína.
Posteriormente trabajó en el cartel de Juárez, primero como mando medio y después como líder, cada vez más cerca de Amado Carrillo, el llamado «Señor de los Cielos».
Desde ahí se cree que creó su red de contactos en Colombia, país donde hizo grandes amigos y socios productores de cocaína.
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A medida que otros capos fueron muriendo o cayendo, Zambada se hizo más poderoso. Pocas veces tuvo problema con traicionar a un aliado.
Y si algo lo diferencia de los otros es que siempre mantuvo un perfil bajo. No hay casi imágenes de él.
Durante sus años de reinado se llegó a reportar se practicó cirugías para cambiar de apariencia. Que tenía muchas mujeres e hijos. Poco más.
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Pasó décadas de un lado a otro entre las montañas del noroccidente de México. Era inusual que durmiera dos noches seguidas en el mismo sitio.
Así se fue forjando una leyenda en torno a su habilidad para mantenerse fuera del alcance de las autoridades que llegó a ser registrada en una canción en su honor de Los Tucanes de Tijuana.
«Lo buscan por todos lados y el hombre no está ni escondido«, dice el corrido.
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«La ley quiere detenerlo, los contras quieren matarlo, pero nadie lo ha logrado, se les aparece el diablo», agrega.
La sentencia de este lunes, sin embargo, parece poner punto final a esa leyenda.
// BBC

