El Comité Noruego del Nobel otorgó el Premio Nobel de la Paz 2026 a Navanethem “Navi” Pillay por sus esfuerzos para promover la paz y el derecho internacional, así como por su contribución a la construcción de un orden jurídico global y a la persecución de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio. El organismo destacó su trayectoria desde la defensa de Nelson Mandela y opositores al apartheid hasta su labor como jueza en la Corte Internacional de Justicia.
El presidente del Comité, Jørgen Watne Frydnes, subrayó que Pillay exigió responsabilidades a Estados y líderes y brindó esperanza a víctimas de violencia y conflictos. A sus 85 años, la jurista sudafricana presidió la comisión de investigación independiente de la ONU que en septiembre de 2025 acusó a Israel de cometer genocidio en Gaza, y actualmente es jueza en el caso contra Myanmar por genocidio. “En todos los cargos que ha ocupado, ha hecho hincapié en la responsabilidad de los individuos y los estados de respetar el estado de derecho”, afirmó.
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El Comité elogió su “excepcional valentía e integridad” y advirtió que el derecho internacional está bajo ataque. “Cada vez más conflictos se están abordando a través de la diplomacia, tratados y mecanismos legales, en lugar de amenazas, violencia y guerra. El derecho internacional es un fundamento para un mundo más pacífico”, sostuvo Frydnes. Añadió que en un contexto con más guerras que en mucho tiempo, el derecho internacional “ya no es solo un complemento para la paz y la seguridad. Es una necesidad absoluta”.
Pillay hizo historia en Sudáfrica: en 1967, con 26 años, fue la primera mujer no blanca en abrir un estudio jurídico en Natal porque ningún bufete quería contratarla por ser persona de color. Durante 28 años defendió a activistas antiapartheid, logró impedir torturas y obtuvo el derecho de los presos de Robben Island a asistencia letrada. En 1995 Mandela la nombró jueza de la Corte Suprema, siendo la primera mujer no blanca en ese tribunal, y luego fue jueza del Tribunal Penal Internacional para Ruanda, donde en el caso Akayesu estableció por primera vez que la violación puede constituir genocidio.
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Al conocer el galardón en un acto en los tribunales de Núremberg, Pillay reaccionó con sorpresa: “¿Es verdad? Pensé que debía ser una broma”. Incluso bromeó: “Si aplauden un poco más, puede que lo comparta con Trump”. La decisión generó polémica: UN Watch la calificó de “cómplice en el genocidio uigur” y el primer ministro Benjamin Netanyahu acusó al Comité de haber “perdido su brújula moral”, mientras el Nobel defendió que los jueces que custodian la línea entre orden y caos merecen reconocimiento cuando son sancionados y atacados.

