La fiebre por BTS no solo se siente entre sus seguidores, sino también en la economía. Los conciertos de la agrupación surcoreana en Lima, Perú, proyectan un movimiento económico de entre 150 y 200 millones de soles, equivalentes aproximadamente a 43,5 y 58 millones de dólares.
De acuerdo con las estimaciones difundidas por el sector empresarial peruano, los espectáculos previstos para octubre movilizan diferentes actividades comerciales, desde la venta de entradas hasta los servicios de transporte, hospedaje, alimentación y comercialización de productos relacionados con la banda.
El fenómeno demuestra cómo los conciertos internacionales pueden convertirse en una importante fuente de ingresos para las ciudades que reciben a miles de fanáticos.
El turismo y el comercio aprovechan la llegada de los fanáticos
La presencia de seguidores procedentes de distintas regiones del Perú y de otros países impulsa la demanda de hoteles, restaurantes y servicios turísticos. Muchos asistentes deben trasladarse hasta Lima y permanecer varios días en la capital para participar de las presentaciones.
Según las proyecciones del sector turístico peruano, estos eventos podrían atraer a más de 50.000 visitantes y excursionistas, generando un impacto económico cercano a los 18,7 millones de dólares en actividades vinculadas al turismo.
A este movimiento se suma la venta de artículos relacionados con BTS, como camisetas, accesorios y recuerdos. Entre los productos más buscados figura la Army Bomb, una linterna utilizada por los seguidores durante los conciertos, cuyo precio puede alcanzar los 500 soles.
Un fenómeno que también llama la atención en Bolivia
El impacto económico de los conciertos en Lima resulta relevante para Bolivia, donde la música internacional y la cultura del K-pop también cuentan con comunidades de seguidores.
La experiencia peruana muestra que los espectáculos de gran convocatoria pueden beneficiar a diferentes sectores cuando atraen visitantes de otras ciudades y países. El gasto de los asistentes no se concentra únicamente en las entradas, sino que se extiende al transporte, la gastronomía, el alojamiento y el comercio.
Para ciudades bolivianas que buscan fortalecer su actividad turística y cultural, este tipo de acontecimientos permite observar el potencial económico de los eventos musicales internacionales, aunque sus resultados dependen de factores como la cantidad de asistentes, la infraestructura disponible y la capacidad de atraer visitantes.
Las cifras proyectadas para Lima no representan ganancias netas, sino un cálculo del movimiento económico que podrían generar los conciertos en diversos sectores.
Así, el fenómeno BTS vuelve a poner en evidencia que la música puede trascender el entretenimiento y convertirse en un motor para el turismo y los negocios.

