A casi dos meses de su reclusión en el penal femenino de Obrajes, la exdiputada del MAS y exconsulesa Lidia Patty asegura que su encarcelamiento responde a una venganza política y no a hechos de corrupción. La exasambleísta sostiene que denunció desde 2012 un esquema de cobros ilegales dentro del Fondo Indígena, pero que sus advertencias fueron ignoradas por la Fiscalía y por dirigentes del propio oficialismo. Hoy, su proceso no avanza, pese a que la ley fija plazos claros para una acusación formal.
Según su testimonio en una entrevista al medio impreso El Deber, un asesor técnico exigía pagos de hasta 100.000 y 200.000 bolivianos para viabilizar proyectos financiados con recursos públicos, entre ellos uno de carpas solares para comunidades rurales de La Paz. Patty afirma que estos hechos fueron puestos en conocimiento del Ministerio Público y del directorio del Fondo Indígena, incluyendo a Felipa Huanca y Elvira Parra, pero que la respuesta fue presión y hostigamiento para que se retractara. El caso fue cerrado en su momento por falta de pruebas, pese a que años después estallaría el escándalo del millonario desfalco al Fondo Indígena.
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La Fiscalía logró encarcelarla ahora por irregularidades en un proyecto por el que se desembolsaron Bs 669.876, sustentando la imputación en una auditoría interna y decenas de actos investigativos. No obstante, abogados vinculados a otros procesados señalan que el relato de Patty coincide con uno de los principales “modus operandi” del desfalco: el cobro de comisiones ilegales para aprobar proyectos, una práctica que, según denuncias del fallecido exdirector Marco Antonio Aramayo, involucró a dirigentes sociales y altas autoridades del Estado.
Desde la cárcel, Patty insiste en su inocencia y en que nunca huyó pese a tener la posibilidad de hacerlo. Vestida con pollera y manta, como cuando ejercía cargos públicos, afirma que su familia sabía que este escenario podía llegar. “No he cometido corrupción”, repite, mientras su denuncia original sigue sin ser investigada a fondo y el caso del Fondo Indígena continúa revelando grietas profundas en uno de los mayores escándalos de la era del MAS.
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