Cinco años después del inicio de la pandemia, el debate sobre el origen del SARS-CoV-2 continúa sin una conclusión definitiva. Recientemente, el neuropsiquiatra argentino Gabriel de Erausquin afirmó en una entrevista para Infobae, que el virus SARS-CoV-2 no surgió de manera natural, sino que fue creado artificialmente en el Instituto de Virología de Wuhan, en China. Según indicó, las pruebas de biología molecular, genética viral y comportamiento epidemiológico que sustentan esta afirmación estaban disponibles ya en 2021.
Esta nueva postura de la CIA se alinea con evaluaciones anteriores del FBI y el Departamento de Energía de EE.UU., que también han considerado la fuga de laboratorio como una hipótesis plausible. Sin embargo, estas agencias coinciden en que no existen pruebas concluyentes que respalden esta teoría, y la comunidad científica sigue dividida al respecto.
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Por otro lado, estudios recientes han identificado posibles orígenes zoonóticos del virus. Investigaciones han encontrado material genético de animales como perros mapache y civetas en muestras del mercado de Huanan en Wuhan, lo que sugiere una posible transmisión de animal a humano.
China ha negado repetidamente cualquier implicación del Instituto de Virología de Wuhan en la creación o filtración del virus. El gobierno chino sostiene que el instituto no realizó investigaciones de «ganancia de función» en coronavirus y que no existe evidencia de una fuga de laboratorio.
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La falta de acceso a datos y muestras clave ha dificultado la investigación sobre el origen del virus. Organismos internacionales han solicitado mayor transparencia por parte de China para avanzar en la comprensión de cómo comenzó la pandemia.
Mientras tanto, la comunidad científica y las agencias de inteligencia continúan evaluando todas las hipótesis. La determinación del origen del SARS-CoV-2 es crucial para prevenir futuras pandemias y fortalecer la cooperación internacional en salud pública.

