Una devastadora explosión sacudió el puerto de Shahid Rajaee, en Bandar Abbas, al sur de Irán, el pasado sábado 26 de abril, dejando al menos 70 muertos y más de 1.200 heridos. El siniestro, que generó una gigantesca columna de humo visible a kilómetros de distancia, ha sido calificado como uno de los peores accidentes industriales en la historia reciente del país.
Según las autoridades iraníes, la explosión se originó en un contenedor que almacenaba materiales peligrosos, posiblemente perclorato de amonio, un componente utilizado en combustibles para misiles. El incendio se propagó rápidamente debido a la presencia de materiales inflamables y las condiciones climáticas adversas.
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El ministro del Interior, Eskandar Momeni, atribuyó el incidente a la «negligencia» y a la falta de cumplimiento de los protocolos de seguridad. Las autoridades han iniciado una investigación para determinar las responsabilidades y han prometido sanciones para los culpables.
El puerto de Shahid Rajaee es el principal centro de comercio marítimo de Irán, manejando aproximadamente el 85% del tráfico de contenedores del país. La explosión ha causado interrupciones significativas en las operaciones portuarias, afectando tanto a la economía local como a las cadenas de suministro internacionales.
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La comunidad internacional ha expresado su solidaridad con Irán. Rusia envió equipos de emergencia y aviones especializados para ayudar en las labores de rescate y extinción del incendio. Otros países, incluidos Arabia Saudita, Pakistán, India y Turquía, también ofrecieron asistencia y condolencias.
La explosión ocurrió en un momento delicado para Irán, coincidiendo con las negociaciones nucleares con Estados Unidos en Omán. Aunque no se ha establecido una conexión directa entre el incidente y las conversaciones, el suceso ha generado especulaciones sobre posibles actos de sabotaje o intentos de desestabilización.

