El litoral ecuatoriano vivió momentos de angustia este fin de semana debido a un inusual y fuerte oleaje que cobró la vida de dos personas y dejó a decenas de familias afectadas. Las olas, que alcanzaron alturas de hasta tres metros, golpearon con fuerza las costas de provincias como Santa Elena y Manabí, provocando destrozos en viviendas, negocios y embarcaciones.
Según reportes de las autoridades locales, las víctimas fatales fueron dos hombres que intentaron rescatar una lancha arrastrada por las olas. Ambos fueron sorprendidos por la fuerza del agua y no lograron sobrevivir, pese a los esfuerzos de los equipos de rescate. «Es una tragedia que nos deja en alerta sobre los riesgos que representan estos fenómenos», comentó un vocero de la Secretaría de Gestión de Riesgos.
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El fenómeno, catalogado como oleaje de mar de fondo, también desplazó a varias familias de sus hogares. Decenas de viviendas quedaron inundadas o dañadas por la entrada del agua salada, mientras que pequeños comercios, en su mayoría dependientes del turismo, registraron pérdidas considerables. «Nos quedamos sin nada. Las olas destruyeron todo», lamentó un comerciante afectado en Salinas.
El Instituto Oceanográfico de la Armada (Inocar) había emitido una advertencia previa sobre el incremento en la intensidad del oleaje, recomendando a la población evitar actividades en las playas. Sin embargo, muchos no lograron tomar las precauciones necesarias, lo que agravó las consecuencias de este fenómeno natural.
Ante esta situación, las autoridades han desplegado operativos de asistencia en las zonas más afectadas. Se han habilitado albergues temporales para las familias desplazadas y se evalúan los daños para gestionar ayudas económicas. Además, el Gobierno ha hecho un llamado a extremar precauciones debido a la posibilidad de que el fenómeno persista en los próximos días.
Este evento pone de relieve la vulnerabilidad de las comunidades costeras ante los cambios en las condiciones climáticas y oceánicas, y plantea interrogantes sobre la necesidad de planes de prevención más robustos para mitigar el impacto de futuros fenómenos similares.

