El Reino Unido recuerda este martes los 100 años del nacimiento de Isabel II, una de las figuras más emblemáticas de la monarquía británica. Su legado se destaca por su firme compromiso con el servicio público.
Con motivo del centenario, una estatua de Isabel II de pie se ubicará este año en el parque de St James’s, frente al palacio de Buckingham, en Londres, un proyecto que está a cargo del estudio del prestigioso arquitecto Norman Foster, que incluyó en el diseño un puente inspirado en su tiara nupcial y un sendero conmemorativo.
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También se inauguró en la Galería del Rey una exposición con el vestuario de la reina, desde el atuendo que llevó el día de su bautizo hasta la colección de prendas que marcaron su vida, como la de su boda, la de su coronación o las que llevó en cenas de Estado.
Nacida el 21 de abril de 1926 en la casa de sus abuelos maternos, los condes de Strathmore, en el barrio londinense de Mayfair, la entonces princesa Isabel no llegó al mundo destinada a regir el futuro del entonces Imperio Británico, el inmenso conjunto de colonias y dominios donde ‘nunca se ponía el sol’ y que abarcaba a principios del siglo XX a una cuarta parte de la población global.
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Sin embargo, el rumbo de la princesa, y del Reino Unido, dio un giro inesperado en diciembre de 1936 cuando el rey Eduardo VIII, tío de Isabel II, renunció al trono para casarse con la divorciada estadounidense Wallis Simpson, dejando la corona británica en manos de su hermano el príncipe Alberto y convirtiendo a su hija mayor en la heredera al trono del imperio más extenso de la historia.
La renuncia de Eduardo VIII dejó una huella muy profunda en el país y en el nuevo rey británico, Jorge VI, el nombre que Alberto eligió cuando asumió el trono. La reina madre, llamada Isabel como su hija, nunca perdonó a su cuñado semejante traición a la corona.
Como princesa heredera y consciente del gran daño de la abdicación, al cumplir los 21 años de edad la princesa Isabel prometió en un mensaje al país que «toda mi vida, ya sea larga o corta, estaré dedicada a vuestro servicio». Y así lo cumplió.

