La guerra comercial entre Estados Unidos y China ha alcanzado un nuevo punto álgido en abril de 2025. Tras la imposición de aranceles de hasta el 245% por parte de la administración Trump sobre productos chinos, Pekín respondió con una serie de medidas contundentes, incluyendo aranceles del 10% al 15% sobre importaciones estadounidenses valoradas en 21.000 millones de dólares, restricciones a empresas tecnológicas y una denuncia formal ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).
El Ministerio de Relaciones Exteriores chino declaró que «si Estados Unidos persiste en elevar una guerra arancelaria, la parte china lo combatirá hasta el final», acusando a Washington de «intimidación y coerción». Además, Pekín ha incluido a varias compañías estadounidenses en su lista de entidades no fiables, afectando sectores clave como la defensa, la inteligencia artificial y la biotecnología.
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En respuesta a las restricciones estadounidenses sobre exportaciones de chips a China, empresas como Nvidia han reportado pérdidas significativas, estimadas en 5.500 millones de dólares. Los mercados financieros globales han reaccionado negativamente, con caídas en los índices bursátiles y un aumento en el precio del oro, que alcanzó un récord de 3.300 dólares por onza.
A pesar de las tensiones, China ha reafirmado su objetivo de crecimiento económico del 5% para 2025 y ha incrementado su presupuesto en ciencia y tecnología en un 10%, demostrando su compromiso con la autosuficiencia tecnológica. El primer ministro Li Qiang enfatizó la determinación del país para enfrentar las dificultades y mantener su desarrollo económico.
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La escalada de la guerra comercial ha generado preocupación a nivel internacional. La OMC ha advertido que las tensiones podrían revertir el crecimiento del comercio global, proyectando una caída del 0,2% en 2025. Mientras tanto, otros países, como Italia, buscan mediar en el conflicto proponiendo la eliminación recíproca de aranceles industriales entre la Unión Europea y Estados Unidos.
En este contexto de incertidumbre económica y tensiones diplomáticas, la comunidad internacional observa con atención las próximas acciones de las dos principales economías del mundo. La resolución de este conflicto será determinante para la estabilidad del comercio global y el crecimiento económico en los próximos años.

