El Gobierno francés ha decidido restablecer el estado de emergencia sanitaria en todo el país a partir de la media noche del próximo viernes para frenar el aumento de contagios de covid-19, y ha declarado el toque de queda en París, Marsella, Lyon, Montpellier, Lille y Toulouse, para tratar de frenar el avance del coronavirus. «En vista de su propagación por el territorio nacional, la epidemia de covid-19 constituye un desastre sanitario que, por su naturaleza y gravedad, pone en peligro la salud de la población. Justifica la declaración de un estado de emergencia sanitaria para que se puedan tomar medidas estrictamente proporcionales a los riesgos para la salud y adecuadas a las circunstancias de tiempo y lugar», reza el acta de la reunión del Ejecutivo galo. Este régimen proporciona un marco jurídico para tomar ciertas restricciones para luchar contra la pandemia, como el confinamiento nacional de inicios de año.
,La agencia de salud pública anunció este martes 12.993 nuevos contagios en 24 horas y 87 muertos, que elevan el número total de fallecimientos en Francia hasta 32.933.
Esa cifra de positivos es notablemente superior a los 8.505 del lunes, cuando había un efecto de fin de semana. Hay que recordar que la semana pasada hubo varios días de récord, en particular el domingo, cuando se comunicaron 27.000 nuevos casos. La tasa de incidencia del coronavirus en la semana finalizada el 10 de octubre era en Francia, de media, de 176,1 contagios por cada 100.000 habitantes en siete días, pero con grandes diferencias. Los picos son particularmente elevados en la región de París (422,7 en la capital) o en la de Lyon (351,2)
Reino Unido e Italia
Lo que todos los países están tratando de evitar, un nuevo confinamiento como el vivido en la primera oleada de la pandemia, se hace cada día más real en Reino Unido e Italia. El Gobierno británico parece encaminado hacia la introducción de un confinamiento general durante quince días, coincidiendo con las vacaciones escolares de mitad del trimestre, para detener la expansión de la epidemia. El italiano lo plantea para la Navidad.
Mientras sus portavoces afirman que hay un 80% de posibilidades de que ocurra y la oposición laborista se lo exige, el primer ministro, Boris Johnson, defiende su estrategia regional de contención.
Irlanda del Norte se ha adelantado. Las vacaciones en cada trimestre suelen ser de una semana, pero durarán quince días a partir del lunes. Cerrarán a partir del viernes peluquerías, y la hostelería no dará comida para llevar o a domicilio, y no se podrá pernoctar en otra vivienda,… Se añaden, por un mes, a las restricciones actuales, como el máximo de seis personas en una reunión, a puerta cerrada o al aire libre.
Un sistema de restricciones con tres niveles ya se aplica en regiones de Inglaterra, según la evolución en los últimos días del índice de casos positivos o del nivel de ocupación de sus hospitales. La comarca en torno a Liverpool es la única en el nivel tres, el máximo, que incluye la prohibición de ver a alguien con quien no se conviva, salvo en parques o bosques. Se aconseja que no se viaje a, o desde, esas áreas.
Alcaldes del Gran Mánchester piden a Johnson que les transfiera recursos de la empresa privada que dirige el sistema de rastreo o poder cerrar lugares que incumplen las regulaciones. Si no lo hace, prefieren el confinamiento temporal. El jefe médico oficial ya afirmó que no confía en las restricciones regionales. El comité de asesores científicos pidió en septiembre un cortafuegos de quince días.
«A alguien que ha sido un oportunista toda su vida le resultará difícil entenderlo, pero tras leer y considerar el informe del comité científico he llegado genuinamente a la conclusión de que el cortafuegos es de interés nacional», le dijo Keir Starmer a Johnson en el Parlamento. Enumeró los beneficios anotados: bajaría el coeficiente de transmisión, reduciría la incidencia, retrotraería la epidemia 28 días o más.
Equilibrios
Hasta ahora, el líder laborista ha apoyado las medidas adoptadas por el Gobierno, criticando la ejecución por la incompetencia de su líder. En el inicio de la larga guerra de desgaste que tiene por delante, Starmer ha tenido éxito en los sondeos. Quizás gracias a Johnson. Su ineptitud se mide en cifras: el 66% de la población lo tenía por buen gobernante en abril y ahora es el 35%, según YouGov.
Por primera vez, Starmer afirmaba que su partido apoya una estrategia diferente a la del Gobierno. «La epidemia se ha desarrollado regionalmente y no a nivel nacional», le replicó Johnson, «y eso nos da una oportunidad». «Pero él quiere cerrar lugares en los que la incidencia es baja y quiere hacerlo ahora», sentenció el primer ministro. Devolvió el golpe y sugirió que el cierre puede llegar después.
No solo están divididos los políticos. Los científicos oficiales son criticados por otros con largas y prestigiosas carreras. Una mayoría de la población desea medidas estrictas, pero la Policía tuvo que disolver una juerga callejera en Liverpool celebrando vísperas. Según la revista ‘Public Health’ (Salud Pública), a principio de mayo solo el 18% se aisló adecuadamente tras tener síntomas, solo el 11% cumplió la cuarentena correctamente tras contacto con un caso confirmado.
Johnson traza un equilibrio también en su partido, donde los conservadores libertarios se rebelan contra los edictos del Gobierno y su impacto en la economía y en los derechos individuales. Hacer que el confinamiento coincida con vacaciones escolares, a finales de octubre, amortiguaría el impacto en familias ya preparadas para tener a los hijos en casa durante esos días.
