Santiago de Chile, 18 Oct (EL PAÍS).- La red de metro de Santiago de Chile, uno de los mejores símbolos del país por su orden y buen funcionamiento, se ha convertido en el escenario de inéditas protestas por el aumento de costo del pasaje. Las entradas masivas de usuarios saltando los accesos sin pagar comenzaron la semana pasada, en paralelo al alza, pero este jueves las movilizaciones se agudizaron, junto con los hechos de violencia que han dejado destrozos valorados en al menos unos 700.000 dólares. Este viernes la capital chilena vive un colapso pocas veces visto: las líneas del metro 1, 2 y 6 han cerrado sus accesos por las protestas, por lo que miles de trabajadores caminan por las principales avenidas Apoquindo, Providencia y la Alameda en busca de transporte público para regresar a sus hogares. Las paradas de autobuses, repletos de gente, no dan abasto y no se encuentran taxis vacíos. Los coches generan atascos en las principales calles.
El presidente Sebastián Piñera encabeza una reunión de emergencia en La Moneda. Desde la inauguración del sistema de transporte público Transantiago en 2007 actualmente rebautizado como Red Metropolitana de Movilidad el precio del billete ha subido una veintena de ocasiones, pero la última de 800 a 830 pesos (1,13 a 1,17 dólares) ha desatado las protestas. El jueves, unas 40 personas fueron detenidas en distintos puntos del metro que diariamente transporta a unos 2,6 millones de usuarios, cuya infraestructura fue destruida en algunas estaciones, como registraron vídeos difundidos a través de las redes sociales. No se ha difundido la cantidad oficial de detenidos en esta jornada ni los destrozos provocados por las movilizaciones en las estaciones de prácticamente toda la ciudad.
Estas manifestaciones representan un desafío político para el Gobierno chileno, que ha reaccionado con medidas policiales poco eficaces. Lo muestra un vídeo en el que se observa a un grupo de carabineros rebasados por decenas de jóvenes en una entrada del metro. Este viernes el presidente ha anunciado que se analiza la aplicación de la Ley de Seguridad del Estado. Como no pagar el pasaje del metro no es un delito sino apenas una falta, intentarán que se suban las penas a los arrestados y condenados. «Hoy puede ser el metro, mañana pueden decidir destruir el Ministerio de Justicia o el Registro Civil», ha indicado Piñera en una entrevista en una radio local.
Las protestas por el alza de precios en el metro reflejan un descontento profundo que a diferencia del de 2011, protagonizado por los estudiantes con una clara agenda de cambios resulta difícil de analizar. Según apuntan sociólogos como Eugenio Tironi, se observan elementos similares a la protesta de los chalecos amarillos en Francia: ciudadanos de clase media golpeados por el coste de la vida y dificultades para llegar a fin de mes, que hacen transgredir masivamente la norma y logran colapsar el sistema policial y legal. La analista política y académica de la Universidad de Santiago Lucía Dammert explica que la población de menos de 25 años se rebela frente a las injusticias porque está cansada de ver a sus padres y abuelos trabajando para sobrevivir.
Los llamamientos a sumarse a las protestas evasiones masivas, se les llama en Chile circulan a través de las redes sociales. Indican el día, la hora y la estación en la que deben congregarse los manifestantes.
De acuerdo con las imágenes, las protestas son protagonizados sobre todo por estudiantes y jóvenes. Hasta ahora no está del todo claro si tienen o no el apoyo del resto de la población. Un vídeo que ha circulado en las redes sociales muestra a una mujer mayor de muletas enfrentándose físicamente a los manifestantes en la red subterránea en medio de las protestas.
Entrevistada por un canal de televisión, otra mujer mayor daba su apoyo a la protesta: «No estoy de acuerdo con que se diga que esto vandalismo, esto no es vandalismo. La gente está protestando, porque ya no damos más con los robos. Nos roban de las AFP (el sistema de pensiones), del agua, la luz y encima con los pasajes de transporte».
