Guayaquil, 8 Oct (BBC).- El presidente Lenín Moreno anunció este lunes el traslado de la sede del gobierno de Quito a Guayaquil, en medio de las crecientes protestas en la capital ecuatoriana contra su decisión de eliminar los subsidios a los combustibles.
«He trasladado la sede de Gobierno a esta querida ciudad [Guayaquil], de acuerdo a las atribuciones constitucionales que me competen», dijo Moreno en un mensaje televisivo, en el que apareció acompañado del mando militar.
El anuncio coincide con la llegada de miles de miembros de comunidades indígenas a Quito para manifestarse contra la decisión del mandatario sobre los combustibles.
El jueves pasado, Moreno declaró el estado de excepción en todo el país en respuesta a las protestas que habían empezado el martes.
Hay más de 450 detenidos como resultado de estos eventos.
La situación puede volver extremadamente caótica
Análisis de Matías Zibell, BBC News Mundo en Ecuador
La razón oficial para mover el poder a la ciudad de Guayaquil cita cuestiones de seguridad ante la llegada de miles de indígenas a Quito para protestar por el fin de los subsidios al combustible, sumado a los incidentes que hubo el lunes a lo largo de Quito y en las afueras.
Pero en términos prácticos, es una suerte de enroque. Quito está amenazada, entonces «el rey», el presidente, se mueve hacia la segunda ciudad del país y sede del poder económico.
Lo que puede ser una solución estratégica, de corto plazo, también puede tener costo político en los siguientes días para Moreno, por abandonar la capital cuando está a punto de ser ocupada por otros actores políticos.
¿Quién va a llenar ese vacío que deja el presidente al irse a gobernar a Guayaquil?
En otras ocasiones en que hubo protestas similares a esta y el Ejecutivo se quedó en Quito, el presidente cayó, lo cual puede estar en la mente de Moreno al decidir este movimiento.
Es cierto que el país todavía tiene presidente, el poder Ejecutivo sigue funcionando. Pero mientras, el Legislativo busca lugar para sesionar, porque la Asamblea Nacional fue atacada el lunes por manifestantes. Y el poder Judicial sufrió un ataque también.
En este momento es impredecible lo que pueda suceder.
Ninguno de los sectores que están enfrentados piensa ceder. El presidente ha manifestado que no va a dar marcha atrás, y los grupos en protesta dicen que no van a parar hasta que derogue el decreto de hace una semana. Los colegios y universidades están parados, al igual que las carreteras.
Si no hay un lugar para la negociación, si no hay un punto de encuentro para el diálogo, la situación puede volverse extremadamente caótica. Se está generando una tormenta perfecta a nivel político.
