Caracas, 24 jun (EL PAÍS).- Michelle Bachelet volvió a un país en tinieblas. Como alta comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas aterrizó ayer en Caracas para constatar la situación de Venezuela e intentar mediar en la grave crisis. En una visita de tres días pretende reunirse con el gobernante Nicolás Maduro; el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, víctimas de abusos y violaciones de derechos humanos, y representantes de distintas ONG y diplomáticos. La agenda de Bachelet es manejada con discreción.
Esta es la primera vez que un alto funcionario de la ONU viaja a Venezuela en los últimos años, pero no es un país desconocido para Bachelet. La expresidenta chilena estuvo en la isla oriental de Margarita en 2007. Había asistido como jefa de Estado de Chile a la I Cumbre Energética Sudamericana, y ahí coincidió con su homólogo socialista Hugo Chávez. En esa visita también se reunió con dirigentes de la oposición. El paisaje era diferente. La bonanza petrolera mantenía en una burbuja a un porcentaje de la población, aunque la tensión política crecía por el cierre de la televisora RCTV y el autoritarismo.
Ahora, Bachelet es recibida con manifestaciones que solicitan el reconocimiento de derechos. La economía está en bancarrota, nadie ofrece pronósticos positivos, y organismos internacionales alertan de que más de siete millones de personas necesitan ayuda humanitaria.
La presión es extrema en un territorio politizado. El oficialismo intenta suavizar su fachada ante el mundo. Entre el lunes y ayer, la policía liberó a Gilbert Caro, un diputado opositor desaparecido durante 53 días tras ser detenido por agentes del Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional), y a otros 24 presos políticos. Pero el gesto no cambia la situación política. Todavía están encarceladas 693 personas por causas de conciencia, según la ONG Foro Penal. “No me permitieron llamadas, visitas de familiares. El derecho a una llamada me lo dieron después de 50 días en la cárcel (…). Me mantuvieron aislado en una celda sin poder comunicarme con nadie del mundo exterior”, relató Caro al canal digital VivoPlay.
Maduro se apoya en la teoría de una “guerra económica” y se centra en culpar a la oposición, a Estados Unidos, Colombia y otros países de una conspiración para hundir el sistema financiero venezolano mediante bloqueos y sanciones. Su actitud con los defensores de derechos humanos es hostil, pero tras meses de perseverancia accedió a invitar a Bachelet. Guaidó, que tiene previsto reunirse con la representante de la ONU el viernes, considera que «su visita es el reconocimiento implícito de la crisis». El rival de Maduro espera que colabore en la «aproximación de soluciones urgentes»
https://youtu.be/nM6At6zwJnk
