La Paz, 17 jun (Radio Splendid).- Leonardo Condori de 62 años fue el único sobreviviente de los tres mineros bolivianos que sufrieron el accidente en la mina Directorio 8, punto San José, en la cuidad de Tocopilla, al norte de chile y en el que resultaron muertos Denny y Salomón Veizaga, fallecieron.
Después de salir del hospital Comunitario Marcos Macuada después del mediodía del domingo, el minero boliviano, que se encuentra en Chile desde hace ocho años, explicó en una entrevista para El Deber, que estaba “terminando su trabajo cuando sucedió el accidente”.
Paradójicamente, Condori tenía mucho tiempo sin realizar trabajos de este tipo. El sobreviviente relato que se le resulta increíble que “ninguna piedra de tamaño considerable le haya llegado al cuerpo. Es más, se agarra la cabeza al contar que una roca cayó entre sus piernas”.
“Ya estábamos por retirarnos. Instalamos maquinaria para perforar y estábamos por salir (de la mina). De un rato a otro pasó el derrumbe y como un milagro no me llegó ni una sola piedra. No sé qué pasó, es algo milagroso”, relata Condori, quien reveló que tuvo que asir de una madera en la primera avalancha, en la que Denny y Salomón “aún estaban con vida”.
El joven estaba con Leonardo a menos de dos metros, pero el joven se devolvió en busca de su padre haciendo caso omiso del experimentado minero que le advertía que podían volver por el señor Salomón.
“Le dije (a Denny) que espere, que no suba, que veremos cómo ayudar a su papá. Pero al novato minero, que era ayudante en el yacimiento, le ganó el sentimiento de hijo. Fue hacia donde estaba su padre para ayudarlo y en ese momento ocurrió el segundo derrumbe. Condori les gritaba pero no obtenía respuestas. Lo peor le pasaba por su cabeza, pero se negaba a pensar que habían fallecido”, lamentó el minero, quien sí logró escapar del segundo derrumbe.
El experimentado minero fue quien dio la respuesta sonora para avisar que había vida al interior. Utilizó piedras y una pala para golpear. En ese momento era el único con vida, pero él se negaba a confirmar ese extremo. “Seguía gritando y no tenía respuesta. Mi linterna (en su casco) se apagó por falta de batería y eso me complicó más”, relata.
