Así de sencillo. Después de 48 días de vivir en medio del caos, de sentir que el país se nos escapa de las manos y de ver cómo la paciencia de todos se ha ido agotando día tras día, hoy el Gobierno ha llamado al diálogo. La invitación está ahí, a las 9 de la mañana, en la Casa Grande del Pueblo, para discutir los ocho puntos que la COB ha puesto sobre la mesa.
Pero más allá de la política y de lo que se diga en una oficina, lo que nosotros queremos saber es cuándo vamos a volver a vivir tranquilos. Porque al final del día, el que sufre no es el dirigente ni el político; el que sufre es el de siempre.
Pensemos un minuto en lo que realmente está pasando en la calle. Es el transportista que lleva semanas durmiendo en su camión, lejos de su familia, viendo cómo su única fuente de trabajo se queda parada en la carretera. Es la señora que, con el sol a cuestas, hace filas larguísimas para conseguir un poco de pollo o carne, rezando para que el precio no le deje el bolsillo vacío. Son los papás que no saben si van a conseguir los medicamentos que sus hijos o abuelos necesitan en los hospitales, porque los caminos siguen cerrados y la ayuda no llega.
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Estamos a solo dos días de cumplir 50 jornadas de este conflicto. 50 días es demasiado tiempo para un país que solo quiere trabajar y salir adelante.
Por eso, hoy la responsabilidad recae totalmente en la COB. Ir a esa reunión a las 9 de la mañana no es un favor al Gobierno, es un acto de humanidad con el vecino, con el trabajador, con el boliviano que está cansado de pedir que nos dejen vivir en paz. Se necesita voluntad, sí, pero, sobre todo, se necesita ponerse la mano al pecho y entender que nuestra gente ya no aguanta más incertidumbre.
Estamos todos con las manos apretadas, esperando una noticia que nos devuelva la esperanza. La mesa está servida, los puntos están sobre el papel. Solo falta que los dirigentes entiendan que, por encima de cualquier pedido, está la vida y el bienestar de cada familia boliviana.
Señores de la COB: no les pedimos milagros, les pedimos resultados. La posta la tienen ustedes. No nos fallen, porque el pueblo es el que está pagando el precio más alto de esta espera.

