La relación entre Elon Musk y Donald Trump, que alguna vez fue vista como una alianza poderosa entre tecnología y política, ha llegado a un punto crítico. Musk ha declarado que sin su apoyo Trump no habría ganado las elecciones presidenciales, afirmando que su contribución fue crucial para la victoria republicana, estas declaraciones han generado una gran controversia en el ámbito político estadounidense.
El desencuentro entre ambos comenzó con la oposición de Musk al nuevo plan fiscal propuesto por Trump, el cual elimina créditos fiscales para vehículos eléctricos. Musk calificó el proyecto como una “abominación repugnante”, argumentando que incrementaría el déficit público en 2,5 billones de dólares y afectaría negativamente a las energías renovables.
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En respuesta, Trump expresó su decepción con Musk y amenazó con cancelar los contratos gubernamentales con las empresas del magnate, incluyendo Tesla, SpaceX y Starlink. Estas compañías mantienen contratos multimillonarios con el gobierno y la amenaza de su cancelación ha tenido repercusiones en el mercado financiero.

Musk no se quedó callado y acusó a Trump de estar involucrado en el caso Epstein, sugiriendo que su nombre aparece en documentos que aún no han sido revelados. Estas acusaciones han intensificado el conflicto entre ambos y han generado un debate público sobre la transparencia y la ética en la política estadounidense.
El enfrentamiento también ha tenido consecuencias económicas. Las acciones de Tesla cayeron un 18% y las de Trump Media disminuyeron más del 8% tras las declaraciones cruzadas. Además, Musk ha insinuado la posibilidad de crear un tercer partido político y ha apoyado mensajes que piden el juicio político a Trump, lo que podría alterar significativamente el panorama político en Estados Unidos.
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Este conflicto ha provocado una división dentro del movimiento Make America Great Again (MAGA) y ha generado reacciones mixtas entre sus seguidores. Mientras algunos líderes, como Steve Bannon, han cerrado filas con Trump, otros han expresado su apoyo a Musk. La ruptura de esta alianza ha dejado al descubierto las tensiones internas en la derecha estadounidense y ha abierto la puerta a nuevas dinámicas políticas.
En resumen, la disputa entre Elon Musk y Donald Trump ha trascendido el ámbito personal y se ha convertido en un conflicto con implicaciones políticas, económicas y sociales. La ruptura de esta alianza estratégica podría redefinir las relaciones entre el sector tecnológico y el gobierno, y marcar un antes y un después en la política estadounidense.

