Apple enfrenta un desafío sin precedentes: la posibilidad de fabricar sus icónicos iPhones en Estados Unidos podría triplicar su precio final. Esta situación surge tras la imposición de un arancel del 54% a productos importados desde China, una medida que busca incentivar la producción local pero que amenaza con desestabilizar los costos de la industria tecnológica.
Actualmente, el costo de ensamblar un iPhone 16 Pro en China ronda los 580 dólares, incluyendo materiales y pruebas. Sin embargo, trasladar la producción a territorio estadounidense elevaría este costo a más de 850 dólares, debido a los altos salarios y la infraestructura necesaria. Según expertos, el precio final para los consumidores podría aumentar hasta un 43%, llevando el modelo más básico a superar los 1.100 dólares.
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La administración de Donald Trump ha defendido esta política como un paso hacia la independencia tecnológica, pero las empresas como Apple enfrentan un dilema. Mientras que la producción en China es más económica, los aranceles hacen inviable mantener los precios actuales. Alternativas como India y Vietnam también enfrentan aranceles elevados, aunque menores que los de China.
Para mitigar el impacto, Apple ha explorado opciones como aumentar la producción en Brasil, donde los aranceles son más bajos. Sin embargo, replicar la compleja cadena de suministro que tiene en Asia resulta un desafío logístico y económico. Además, los consumidores podrían optar por conservar sus dispositivos actuales ante los altos precios, afectando las ventas globales.
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El impacto no solo se limita a Apple. La industria tecnológica en general enfrenta una reconfiguración de sus cadenas de producción. Empresas como Google y NVIDIA también han reportado pérdidas significativas debido a estas políticas arancelarias, lo que podría desencadenar un aumento generalizado en los precios de dispositivos electrónicos.
En este contexto, el futuro de los iPhones y otros productos tecnológicos se torna incierto. Mientras Apple busca soluciones para mantener su competitividad, los consumidores deberán prepararse para un posible cambio en el mercado, donde los dispositivos de alta gama podrían convertirse en un lujo aún más exclusivo.


