Venezuela, 4 Oct (BBC).-Isabel viene a esta casa cada 15 días y en cada visita la encuentra «de mal en peor». «Dan ganas de salir corriendo. Cada vez que vengo se me hace más difícil limpiarla, pero necesito el dinero y actualmente en este negocio se gana un poquito mejor que en otros», confiesa.
Esta antigua maestra de escuela es una de los muchos venezolanos que en los últimos tiempos se han aventurado a un nuevo negocio en pleno apogeo: cuidar casas de los propietarios que han abandonado el país en los últimos años.
Ella gana entre US$5 y US$7 diarios. «Hago más que muchos profesionales, que muchas personas que pasaron años y años en una universidad. Pero igual este dinero no me alcanza para nada. Todo está muy caro en este país», lamenta esta madre de familia que no quiso ser identificada.

El salario mínimo en Venezuela actualmente es el equivalente a US$2 mensuales.
Prender luces para evitar invasiones
Sin embargo, para la mayoría de los emigrantes venezolanos la opción más viable económicamente es dejarles las llaves a un familiar o a un vecino.
Luisa* es una caraqueña que vive en un barrio en el sureste de la ciudad cuyo edificio se encuentra «prácticamente desocupado». «El apartamento de al lado que tiene 60 metros cuadrados estuvo vacío por 4 años. Una vecina bajaba todas las noches a prender las luces y luego volvía en las mañanas a apagarlas».
Ella explica que muchos propietarios utilizan esta técnica para evitar que sus casas sean invadidas o expropiadas. «Mi mamá tenía varios apartamentos en Caracas. Uno se lo expropió el gobierno y otro fue invadido», recuerda.

El gobierno de Nicolás Maduro anunció la organización de un censo de viviendas. La oposición cree que el objetivo del plan es expropiar las que se encuentren desocupadas y lo ha calificado como ilegal.
El gobierno de Nicolás Maduro anunció recientemente la organización de un censo para determinar cuántas propiedades se encuentran desocupadas. Tanto la oposición venezolana como muchos propietarios interpretaron este anuncio como una amenaza y el inicio de un plan para expropiar viviendas de emigrantes venezolanos.
Luisa, que también es abogada, explica que en Venezuela el código penal establece la invasión como delito, pero es una ley «que simplemente no se cumple».
«Al mismo tiempo establece el doble de la pena para aquellos que promuevan las invasiones y en este caso el gobierno venezolano es el promotor de la invasión», denuncia.
Entre US$50 y US$100 mensuales
«La gente quiere alquilar porque cuando no le das uso a tu casa, todo se daña. Pero como las leyes venezolanas no protegen al propietario, muchos prefieren que se les destruya la casa», afirma Emiliana Romero, fundadora de Casa Viva, una empresa dedicada a cuidar viviendas de venezolanos que salieron del país por la crisis.

En el centro de Caracas son muchos los edificios que han sido ocupados. El caso más emblemático es el de la Torre de David, cuyos 45 pisos fueron en su mayoría ocupados por familias de bajos recursos.
Emiliana tuvo la idea de crear su propio negocio cuando regresó al país después de haber vivido varios años en el extranjero. «Cuando volví, mi apartamento estaba en ruinas y ahí se me vino la idea. Me dije que así deben haber miles de apartamentos».
Ella asegura que hay mucha demanda, pero conseguir nuevos clientes se le hace difícil. «Funciona de boca en boca, porque aquí nadie te va a dar las llaves de su casa tan fácilmente. Hay mucha desconfianza en Venezuela», explica.
Romero cobra entre US$50 y US$100 mensuales por cuidar una casa. Un porcentaje de ese dinero es para la persona que realiza la limpieza dos veces al mes.
«Voy en la mañana a abrir la casa y ver qué es lo que hace falta hacerle. Le digo a la señora que me ayuda con la limpieza en qué áreas deberíamos enfocarnos y si hay una filtración o algún otro problema. En la tarde regreso para cerrar la casa y asegurarme de que todo haya quedado perfecto», explica la joven emprendedora.
Pero como ella misma reconoce, US$50 para muchos venezolanos es «mucho dinero». «El venezolano sin importar la clase social se ha empobrecido mucho».
Un país de «toderos»
Algo que Emiliana Romero elogia de Venezuela es la creatividad del venezolano y las ganas de salir adelante aún en los momentos más difíciles.
«En Venezuela actualmente todos somos «toderos»: hacemos de todo. Nos las ingeniamos para hacer dinero. Como los salarios son muy bajos, no basta con tener un empleo».
La emprendedora asegura que hay otras vertientes del negocio que están surgiendo. «De hecho tengo un amigo que está cuidando barcos. Él es dentista y como se tiene que rebuscar y le encantan los barcos. Comenzó a cuidarle un barco a un señor que se fue y a raíz de eso se dio cuenta que hay muchos barcos abandonados».
Según Romero, otro de los negocios que ha crecido exponencialmente es el de los cuidadores de ancianos que los emigrantes no han podido llevarse. «En toda crisis siempre hay oportunidades, lo importante es saber aprovecharlas».
