Caracas, 15 mar (El País).- Juan Guaidó (La Guaira, Venezuela, 1983) llega al hotel de Caracas donde está programada la cita con EL PAÍS pasadas las ocho de la tarde del martes. Acaba de recorrer la ciudad en una nueva jornada de concentraciones contra Nicolás Maduro. Sus seguidores se movilizaron en esta ocasión tras un apagón de más de cuatro días y en medio de una grave crisis de suministro de agua potable. El presidente de la Asamblea Nacional, reconocido como mandatario interino por más de 50 Gobiernos, lleva casi dos meses tratando de desalojar al sucesor de Hugo Chávez con la ayuda de la presión internacional.
La Fiscalía le acaba de abrir una investigación por supuesta implicación en lo que el chavismo considera un sabotaje dirigido por Estados Unidos. El político venezolano no muestra preocupación. Su objetivo sigue intacto: lograr la renuncia del Gobierno, poner en marcha un proceso de transición y convocar elecciones libres. Para conseguirlo, asegura, hay que contemplar “todas las opciones”, aunque rechaza referirse abiertamente a una intervención militar.
Sus llamamientos continuos a las Fuerzas Armadas han producido muchas deserciones, pero no hay una fractura de la cúpula. Al menos no se ve. ¿Sigue creyendo que se puede producir?
Confío en el venezolano, primero. Y los militares son venezolanos. Hay mucho miedo en las fuerzas armadas, mucha persecución. Como parte de la decisión de ayer [la alarma nacional declarada el lunes] me han llegado muchos contactos. De generales hasta capitanes, tenientes, que me han dicho cosas como mándele un audio a mi mamá, como estamos contigo, pero no hay un liderazgo claro dentro de las fuerzas armadas. Hay un quiebre en las fuerzas armadas cuando hay miles de oficiales que se atreven a ponerse del lado de la Constitución. Así que, ¿esperamos más? Claro que esperamos más.
