China, 27 dicono (BBC).- Cuando hace tres años China puso fin a su política de un solo hijo, existía la esperanza de que las parejas tendrían un segundo hijo y contribuirían así a ralentizar el ritmo de envejecimiento de la sociedad. Pero como explica Yuwen Wu, analista de temas chinos residente en Londres, esa apuesta parece no estar funcionando.
La caída de la tasa de natalidad es uno de los asuntos sobre los que más se habla en China. Y la sensación de crisis es real.
Luego de pasar décadas intentando reducir el crecimiento de la población, la propaganda estatal ahora exhorta a las parejas a «tener hijos, por el país«, lo que ha generado críticas en redes sociales donde se acusa a esta política oficial de ser intrusiva e insensible.
Varias medidas están en discusión: desde extender el permiso de maternidad hasta ofrecer incentivos económicos en efectivo o a través de deducciones fiscales para quienes tengan un segundo hijo.
Algunos incluso piden que se eliminen todas las limitaciones al número de hijos que pueden tener las parejas.
La política de hijo único

Para tratar de frenar el crecimiento de la población, la política de un solo hijo fue instaurada en 1979, un año después del inicio de las reformas económicas.
La medida fue aplicada de forma estricta sobre la mayor parte de la población, y quienes la incumplían podían ser multados, despedidos de sus empleos u obligados a someterse a un aborto y/o la esterilización.
Pero la tasa de fecundidad ya había caído una década antes.
Durante décadas, China se benefició del llamado bono demográfico -su numerosa población (casi una cuarta parte de los habitantes del mundo) le proveía de una abundante mano de obra- y de un balance favorable entre la población muy joven y gente de la tercera edad, lo que le permitía impulsar su rápido crecimiento económico.
Ahora todo eso está desapareciendo a una velocidad vertiginosa.
Para poder mantener su crecimiento económico y dar apoyo a sus ancianos, la población del país debe crecer en lugar de reducirse.
El fin de la política de un solo hijo en 2015 tenía como objetivo impulsar esto, pero los datos disponibles a la fecha indican lo contrario: pese a tener libertad para ello, los jóvenes no parecen querer tener más niños.
¿Por qué ahora es urgente?
China se está convirtiendo en una sociedad que envejece rápidamente.
Y es que al mismo tiempo que cae la natalidad, las personas están siendo más longevas.

Cuando se adoptó la política de un solo hijo, en 1979, la esperanza de vida era de 66 años, pero ahora es de 76. Esto generará grandes presiones sobre la economía del país durante las próximas décadas.
De acuerdo con la Oficina Nacional de Estadísticas, el número de personas de edades entre los 15 y los 64 años superó los 1.000 millones en 2013, pero desde entonces viene descendiendo y seguirá haciéndolo.
Al mismo tiempo aumenta el número de personas mayores. En 2017, la población total del país era de 1.390 millones, incluyendo unos 159 millones que era personas mayores de 65 años, que representaban el 11,4% de la población.
Eso supera ampliamente la definición de la ONU sobre sociedades en proceso de envejecimiento (que se estima cuando 7% de los habitantes son mayores de 65 años). La proyecciones de la oficina de población de la ONU prevén que 17,1% de la población de China será mayor de 65 años para 2030.
Esta tendencia implica que las personas mayores tendrán que ser mantenidas por cada vez menos personas en edad laboral.
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Según un artículo de Ning Yi publicado en Ifengweekly, había 3,16 jóvenes por cada persona mayor en 2011, pero para 2016 la tasa de dependencia bajó a 2,8. Se espera que para 2050 apenas sea de 1,3.
Como ocurre en otros países con proyecciones etarias similares, esto tiene enormes implicaciones para la economía, para el pago de las pensiones y para satisfacer las necesidades de cuidado de las personas mayores.
¿Por qué la gente no tiene más hijos?
Muchos jóvenes en China que crecieron durante las tres décadas de aplicación estricta de políticas de planificación familiar y de gran desarrollo económico tienen una mentalidad distinta a la de sus padres.
Están acostumbrados a ser el centro de la atención y a disfrutar de mayor riqueza material y de más libertad personal.
También se están casando a edades más avanzadas (si acaso se casan), tienen hijos más tarde y se concentran más en sus propias carreras y felicidad, una tendencia que no está limitada a China.
Y cuando consideran comenzar una familia, una gran preocupación es si disponen del dinero para sostenerla.
Los estudios señalan que en promedio, criar un hijo en una ciudad puede costar más de la mitad del ingreso de una familia china. Las guarderías siempre están saturadas, por lo que muchos dependen de la ayuda de los abuelos. Y luego está el pago de la hipoteca y otras cargas que afectan el presupuesto del hogar.
En otras palabras, tener un hijo es una lucha; entonces, tener otro requiere aún más recursos y apoyo.
«Nuestra generación tiene una tremenda carga sobre nuestros hombros«, dijo una mujer que pidió no mencionar su nombre en este artículo. «Nuestros padres que envejecen, nuestros niños pequeños, nuestras propias carreras. La combinación de estas cosas fácilmente nos puede aplastar«.
La mujer, que está en su tercera década de vida, ya tiene un hijo de 5 años, pero ella y su marido han decidido no darle un hermano. La falta de guarderías es una gran razón para ello.
«Lo que ocurre con frecuencia es que contratamos niñeras que cuiden del bebé y les pedimos a nuestros padres que vigilen a la niñera«, apunta.
Por otro lado, algunas mujeres mayores, algunas que ya superan los 60 años, dijeron que si la política de un solo hijo hubiera terminado antes, ellas habrían intentado tener otro hijo, incluso hasta al final de la cuarta década de vida.
