Para ellos, la vida es más simple que para sus dueños, que casi parecen fans cuando se apasionan.
Algunas personas conciben a los perros como animales especializados en manifestar su alegría a través de la cola (cuando la tienen), o en sacar el hocico por la ventanilla del auto en ocasional y fugaz amorío con el viento. Pero bajo la mirada de los criadores, esos que estudian minuciosamente las razas, que eligen el ejemplar que quieren como compañero, no por impulso, sino como fruto de la razón, un can es algo más que una mascota. Una vez que propietarios y cuadrúpedos unen sus vidas y se relacionan con los clubes perrunos, no hay retorno. Empieza la carrera para convertir a lo que muchos suponen una simple mascota, campeón de algo, en fino reproductor, o también en motivo de reunión y tema de conversación y profundización.
Probablemente, esta forma de afrontar la responsabilidad de una mascota sea vista por los animalistas con ojos detractores, pero para otros gustos, más allá de los sentimientos que no entran en discusión, es toda una cultura.
Y no todos los criadores tienen como máxima meta reproducir sus animales, hay quienes se limitan a competir, a estudiar y leer, y a juntarse para hablar horas y horas sobre mascotas, como madres sobre sus hijos.
Los más persistentes alcanzan altos grados de exigencia física y disciplina con adiestramiento con entrenadores, mascotas, y con ellos mismos.
