Miles de familias en Bolivia despiden el Carnaval con el tradicional Martes de Ch’alla, una ceremonia que se realiza entre sahumerios, mixtura, música y mesas rituales dedicadas a la Pachamama, con actos de agradecimiento y bendición de viviendas, negocios, vehículos y bienes materiales.
Esta práctica, profundamente ligada a la cosmovisión andina y a las festividades carnavaleras, se desarrolla durante la jornada, tanto en centros urbanos como en comunidades rurales, donde es considerada una expresión de fe, prosperidad y renovación espiritual con la esperanza de atraer un año favorable.
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Los mercados y ferias se llenan de comerciantes que ofertan insumos tradicionales como hierba de q’oa, copal, dulces en miniatura y figuras de azúcar conocidas como “misterios”, que simbolizan deseos relacionados con salud, dinero, viajes o estabilidad laboral.
El término ch’alla proviene del aymara y significa rociar o salpicar con bebidas como alcohol, vino o cerveza en señal de gratitud y protección. Aunque el día figura como feriado, en varias regiones del país esta práctica forma parte de las costumbres cotidianas.
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Entre los principales ritos, indica Adriana Vera, comerciante de la calle de Las Brujas de La Paz, está la preparación de una mesa u ofrenda que puede incluir hojas de coca, dulces, confites, miniaturas de casas o vehículos, serpentinas, mixtura y bebidas. En algunos casos, un yatiri dirige la ceremonia.
Los elementos se colocan sobre brasas encendidas y, mientras se consumen, los participantes rocían vino, singani o cerveza como acto de reciprocidad. Estas ofrendas, que tradicionalmente se preparan martes y viernes —especialmente durante el Carnaval— buscan armonizar energías antes de iniciar nuevos proyectos.
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El humo que emana de las mesas rituales simboliza la elevación de peticiones y deseos hacia las deidades, fortaleciendo el vínculo entre lo espiritual y la vida diaria.
Cada ofrenda es personalizada según las necesidades de quienes participan, ya sea para pedir salud, éxito laboral o protección de los bienes, siguiendo el principio del ayni o reciprocidad con la Madre Tierra.
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Asimismo, las viviendas y oficinas se adornan con serpentinas de colores, globos y flores, símbolos de alegría, abundancia y prosperidad. Luego del ritual, se comparte comida y bebidas entre familiares, vecinos y compañeros de trabajo, reforzando los lazos comunitarios.
De esa manera, el Martes de Ch’alla se reafirma como una de las tradiciones más representativas del calendario festivo boliviano.

