«Estos centros de recuperación constituyen una de las principales respuestas a la pandemia y complementan la estrategia de vigilancia comunitaria que lidera el Ministerio de Salud, con brigadas médicas que recorren las comunidades con el objetivo de detectar casos positivos, así como proporcionar asistencia médica y medicamentos», señala ONU-Bolivia.
Además, las brigadas ofrecen a las personas afectadas por el virus la oportunidad de recuperación dentro de esos centros «con lo cual se busca frenar la transmisibilidad de COVID-19 y mitigar el efecto de la pandemia en el país».
Este apoyo es posible gracias a los $US 1,5 millones del Pandemic Emergency Financing Facility (PEF) del Banco Mundial, diseñado como una fuente adicional de financiamiento global para ayudar a los países a enfrentar brotes epidémicos de gran escala.
En el caso de Bolivia, los fondos del PEF, administrados por el Sistema de Naciones Unidas, apoyarán el funcionamiento de centros de recuperación para aislar y cortar la cadena de transmisión del virus, capacitar a los trabajadores de salud y mantener la prestación de servicios esenciales de salud a personas afectadas por COVID-19.
El plan tiene una especial atención a las áreas con las poblaciones más vulnerables, particularmente mujeres, personas de la tercera edad, niñas, niños y adolescentes, entre otros.
