Caracas, 24 Jul (BBC).- «No existe» o «fue una estafa» suelen ser las primeras respuestas que se obtienen al preguntar sobre el petro a expertos en criptomonedas. El motivo: el petro está ausente en todas las grandes exchanges o casas de cambio internacionales, esas plataformas digitales como Binance o Coinbase donde los usuarios compran y venden bitcoins, ethers, litecoins o cualquiera de las más de 2.300 criptodivisas que existen en el mercado.
Sin embargo, el gobierno venezolano no deja de anunciar nuevos usos para el petro: importar, pagar impuestos, habitaciones de hotel, las tasas para obtener el pasaporte…
Además, durante el último año ha adjudicado bonos extra en petros a pensionistas, a portadores del carnet de la patria (un documento de identidad opcional que la oposición considera un instrumento político) y a finales de junio Maduro «ordenó» que se abra un millón de wallets («billeteras» digitales en las que se almacenan las criptomonedas) en petros para jóvenes.
A esta orden se suma la que dio al Banco de Venezuela a principios de julio: que instale taquillas de petro en todas sus sedes para que la gente lo use en sus transacciones financieras.
«Este es el único país del mundo donde el gobierno, como política de Estado, ha asumido iniciativas para que las criptomonedas formen parte de todo el sistema económico, comercial, monetario y financiero del país», afirmó el mandatario.
PetroShop, una tienda a espera de clientes
Quien quiera usar los petros para comprar algo más que bitcoins puede dirigirse al único negocio donde se acepta esta criptomoneda: el portal PetroShop, que comenzó a operar el pasado 23 de junio. Allí, un centenar de vendedores ofertan desde un paquete de 48 condones a 0,50192404 petros (US$30) hasta un mes de Netflix por 0,12 petros (US$7).
Su fundador, Carlos Gil, es un arquitecto venezolano que quería «darle un impulso» al petro, así que creó un grupo de Telegram llamado PetroShop Venezuela para poner en contacto a quienes querían utilizar la criptomoneda.
«Al principio comprábamos y vendíamos la propia moneda. Luego, cosas sencillas: desde zapatos hasta licor», le contó a BBC Mundo. Ante el interés que generó el grupo, que hoy suma 653 miembros, Gil decidió emprender y hacer de PetroShop una plataforma de comercio digital.
«El uso del petro ya se está masificando porque el Estado tiene una política de apoyo y bonificaciones a la población. Los más desposeídos incluso tienen la oportunidad de ahorrar en petros. El Estado les otorga bonos y ellos pueden decidir pasarlos a bolívares o mantenerlos en petros».
«Y, cuando lo tienen en petros, no se les devalúa la moneda porque este tiene un precio estable», aseguró.
El valor inicial del petro se fijó en US$60, pero este se va actualizando en base a una fórmula que tiene en cuenta el precio de las commodities más «representativas de la riqueza del subsuelo venezolano»: el petróleo, el oro, el diamante y el hierro.
Durante la entrevista, el sitio de PetroShop estaba «colapsado» porque se había «generado mucho tráfico por los anuncios que se han dado últimamente», según explicó el arquitecto. Él, su esposa y una persona más se encargan del funcionamiento de una página en la que ha puesto muchas esperanzas, pero que de momento no da resultados.
De los 108 artículos disponibles, todavía no se ha vendido ninguno. Aunque Gil se mantiene optimista: «Las transacciones han estado un poco flojas porque la gente quiere tener confianza. Poco a poco hemos ido explicándoles, enseñándoles, se han hecho transacciones de prueba. Todavía, transacciones como tal, definitivas, no se han hecho, pero sí ha habido muchos intentos».
