Pese a fluctuaciones en el mercado internacional, el ministro de Hidrocarburos, Mauricio Medinaceli, descartó modificaciones en el precio de los combustibles a mitad de año y garantizó la estabilidad del costo durante la presente gestión.
“En julio se va a mantener el precio porque sabemos que esto afecta a la canasta familiar. Ahora, lo que estamos haciendo es mitigar los incrementos en el precio del petróleo que, de hecho, hace un par de días bajaron, pero no se va a tocar el precio del diésel ni de la gasolina”, afirmó la autoridad.
En declaraciones a la red Bolivision, Medinaceli indicó que la decisión está basada en análisis técnicos orientados a evitar impactos negativos en la economía de los hogares y en los costos de los alimentos de la canasta familiar y los servicios ofertados a nivel nacional.
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Afirmó también que la política del Gobierno es proteger al consumidor boliviano de las variaciones que podrían responder a movimientos especulativos en el mercado mundial del crudo de petróleo.
En diciembre de 2025, la adminitración de Rodrigo Paz anunció el fin de los subsidios a los combustibles, cuyos precios se mantuvieron congelados durante los 20 años de administraciones del Movimiento Al Socialismo (MAS) que lo precedieron.
El impacto de la medida fue casi inmediato: incrementos del precio del transporte público y una ola de rechazo y manifestaciones. Sin embargo, el Gobierno logró superar la etapa de tensión social sin declinar el retiro de la subvención y consolidar su reforma con el Decreto Supremo 5516, que establece un plazo de seis meses para la revisión técnica de los costos.
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Consultado al respecto, el ministro aseguró que el órgano Ejecutivo no realizará ajustes ante la posibilidad de revisión, al menos durante la gestión 2026.
“Por el momento vamos a decir que el precio está estabilizado. Este año la población puede estar tranquila, se van a buscar mecanismos para que la gente esté tranquila”, reiteró.
Tras la anulación del subsidio a los carburantes, el precio de la gasolina especial subió de 3,79 a 6,96 bolivianos, mientras que el diésel pasará de 3,74 a 9,80 bolivianos. Esta decisión forma parte de la estrategia del Ejecutivo para contener el gasto público y combatir el contrabando de carburantes hacia países vecinos.

