Con garra y corazón, el boliviano Conrrado Moscoso se consagró campeón Panamericano de ráquetbol en la XXXVII edición del torneo, tras vencer al mexicano Eduardo Portillo en una final electrizante. El chuquisaqueño remontó un inicio adverso y terminó imponiéndose por 8-11, 11-5, 11-8 y 11-9, desatando la alegría de la delegación boliviana.
El partido arrancó cuesta arriba para Moscoso. Portillo salió muy agresivo, dominó la red y se llevó el primer set 11-8 aprovechando algunos errores no forzados del boliviano. Sin embargo, lejos de desanimarse, el chuquisaqueño ajustó su juego en el segundo parcial: mejoró el saque, varió los ángulos y empezó a desgastar al mexicano con peloteos largos. Ganó 11-5 e igualó el marcador.
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A partir de ahí, Moscoso mostró su mejor versión. Con mucha cabeza fría y despliegue físico, se llevó el tercer set 11-8 tras varios intercambios largos que levantaron al público. La confianza estaba de su lado y Portillo empezó a cometer errores no forzados. El boliviano tomó el control del partido y no lo soltó.
El cuarto set fue el más parejo y dramático. Portillo llegó a estar arriba 9-7 y parecía forzar un quinto set, pero Moscoso sacó a relucir su experiencia en finales: defendió, atacó en el momento justo y remontó punto a punto. Cerró el partido 11-9 con un revés paralelo que selló el título y desató el festejo boliviano.
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Con este triunfo, Moscoso suma una nueva medalla de oro para Bolivia y ratifica su lugar entre los mejores raquetbolistas del continente. Emocionado tras levantar el trofeo, dedicó el título a su familia y al país: “Se sufre, pero se disfruta más cuando se remonta así. Cuando estás abajo hay que meterle corazón. Esta es para Bolivia”, declaró entre lágrimas.

