Vladivostok, 24 abril (LA VANGUARDIA).- Siguiendo una tradición familiar, el tren acorazado de Kim Jong Un calentó motores. El medio de transporte más usado por su padre y su abuelo ha puesto rumbo esta vez a Vladivostok, el principal puerto ruso del océano Pacífico. El Kremlin confirmó ayer que el líder norcoreano se reunirá mañana con el presidente de Rusia, Vladímir Putin, después de que medios de propaganda norcoreanos y la prensa rusa lo dieran por hecho. Será la primera cumbre entre ambos dirigentes.

La semana pasada la agencia de Corea del Sur Yonhap citaba fuentes del país vecino para asegurar que Putin y Kim Jong Un se iban a entrevistar a finales de mes. Pero ninguno de los dos gobiernos lo confirmó oficialmente. Aun así el viaje de Kim Chang Son, asesor del líder norcoreano, a Moscú y a Vladivostok dio algunas pistas del lugar elegido. A 9.300 kilómetros de la capital rusa y a sólo 300 de la frontera con Corea del Norte, resulta un lugar discreto y cómodo para el singular viaje del jefe de Pyongyang.
Yuri Ushakov, ayudante de Putin, confirmó finalmente ayer el encuentro, no sin antes disculparse por no informar antes. El motivo: “Un acuerdo con los colegas norcoreanos de no transmitir información sobre la visita a los medios y que hemos cumplido, me parece, de forma estricta”, dijo.
A pesar de este secretismo sobre el encuentro, este se produce en un momento en el que Pyongyang intenta librarse de las sanciones y de la presión de Estados Unidos, que le sigue exigiendo que abandone su programa nuclear. “El centro de atención del encuentro será, por supuesto, una solución política y diplomática al problema nuclear de la península de Corea”, explicó Ushakov. Rusia es uno de los países participantes en el original “diálogo a seis” en el que, junto a EE.UU., China, Japón y Corea del Sur, intentaba convencer a Corea del Norte para que abandonase el programa. Pyongyang dejó el grupo en 2009, pero Moscú no pierde la esperanza de revivirlo.
